SINOPSIS
“Al borde del abismo (Man on a ledge)” nos relatará la historia de un ex policía que ingresa en la cárcel tras ser acusado de cometer un crimen en el que asegura no haber participado. El hombre escapa de la prisión y se sube a lo más alto de un hotel de Manhattan, lugar desde el que amenaza con tirarse. Pero su comportamiento tal vez sea una estratagema para despistar a las autoridades mientras unos ladrones llevan a cabo un importante atraco.

Dirección: Asger Leth /Productora: Summit Entertainment /Producción: Lorenzo di Bonaventura, Mark Vahradian /Reparto: Sam Worthington, Elizabeth Banks, Jamie Bell, Anthony Mackie, Ed Harris, Edward Burns, Titus Welliver, Genesis Rodriguez, Kyra Sedgwick /Género: Animación /Estreno: 2 de febrero 2012 /Duración: 102 min.

Casi sin darnos cuenta, he aquí una película que va mejorando poco a poco y, así, con un comienzo poco prometedor, deviene un thriller cada vez más intenso. Mientras tanto, se alimenta de la denuncia política con exacta actualidad. Hablo del filme Al borde del abismo (2012), dirigido por el danés Asger Leth, a partir del guion escrito por el venezolano Pablo F. Fenjves.

La historia comienza con un detective preso por el robo de una joya de gran valor, cuyo dueño es un multimillonario de esos que se enriquecen con la crisis del capitalismo y la pobreza de muchos, sujeto sin escrúpulos. El detective Nick Cassidy está dispuesto a demostrar su inocencia y lo hace de una manera sorpresiva: con un inexplicado intento de suicidarse.

Con esa trama, no siempre sabemos por dónde va la procesión, gracias a los cambios de argumento (puntos de giro) que el relato nos ofrece constantemente en un va y viene de situaciones argumentales. Lo cierto es que –luego de un funeral– el detective Cassidy se sube a la cornisa de un alto edificio, agobiado como está, para lanzarse al vacío.

Ello genera distintas situaciones dramáticas entre los personajes y, además, justifica la acción originada desde la cornisa del edificio donde se encuentra Cassidy: el famoso hotel Roosevelt, en Nueva York. De paso y no tan de paso, el ojo de la cámara hace un interesante análisis del morbo humano con las personas que se encuentran, calle abajo, a la espera de que el detective se lance.

Las opiniones cambian entre la gente: del susto primero, las personas pasan a desear que Nick se lance al abismo. Lo exigen a coro. Es el morbo como dolencia social. Algunos pocos intentan disuadirlo. La conducta del gentío se explica de manera interesante en el filme: ¿por qué se pasa de lo enfermizo a lo solidario y al revés?

En tanto, aparece la prensa como la gestora cardinal del espectáculo grotesco. El hecho noticioso se convierte en audiencia televisiva y los periodistas son mostrados –por el filme– de manera tan cuestionada como el capitalista del caso. Cuatro actores le dan cuerpo al filme en esas circunstancias, lo sostienen en su suspenso y crítica social: hay buena dirección de actores.

Hablo de Sam Worthington, como el detective suicida; de Elizabeth Banks, como la psicoterapeuta que intenta salvarlo; del gran actor Ed Harris como el capitalista sin escrúpulos, y de Kyra Sedgwick como la reportera sensacionalista. Además, hay una pareja por ahí, cuya buena química entre ellos le da un plus al filme.

Es así no solo por esa química, sino por sus buenas y agradables actuaciones. Son Jamie Bell y Génesis Rodríguez (bella latina, hija del cantante José Luis Rodríguez, El Puma), cuyos personajes –bien perfilados y humorosos– aprovechan el caos para cometer un robo categórico en un sitio cercano, ¿por qué lo hacen?, ¿qué tiene que ver con los sucesos en la cornisa?

El creciente ímpetu del relato se fortalece con el bien manejado vértigo que sale desde la pantalla. Lo vive no solo el detective desde la cornisa, sino también lo siente el espectador, gracias a buenos planos de la cámara en picada, ascendente o descendente.

En fin, es grato salir del cine con la satisfacción de ver una película mejor de lo que uno pensaba. La recomiendo.