SINOPSIS
Después de haber estado en un estado similar al coma durante quince años, la vampiro Selene (Kate Beckinsale) descubre que tiene una hija de catorce años mitad vampiro, mitad licántropo llamada Nissa. Cuando ella la encuentre deberá detener a Biocom en su intento por crear una raza de Super-Licántropos que quieren acabar con ellas...

Dirección: Mans Marlind, Bjorn Stein /Productora: Screen Gems (Sony) /Producción: Jim Burke, Alexander Payne, Jim Taylor /Reparto: Kate Beckinsale, Michael Ealy, Stephen Rea, Sandrine Holt, India Eisley /Género: Drama /Estreno: 24 de febrero 2012.

   

   

He aquí una película tan desagradable como meter un dedo   entre dos muelas; tan confusa como arrear cien gatos por la avenida   central de San José. Por supuesto, igualmente de mala, pese a tener dos   directores (a más cocineros, más rala la sopa). Hablo del filme de   acción violenta que es la cuarta película de una saga con mejores   momentos: Inframundo:El despertar (2012).

   

Los directores son los suecos Måns Mårlind y Björn   Stein, quienes –al menos– saben meterle más barullo a lo que   tradicionalmente exhibe la serie titulada Inframundo. No solo se   trata de ruidos, música altisonante, voces agudas, chillidos o lo que   pueda afectar nuestros tímpanos, sino que los suecos en cuestión se dan   gusto con los efectos visuales, como quien prepara chorizo en una   carnicería.

   

Lo que queda es la trama, supuesta trama,   con la presencia añejada de la actriz Kate Beckinsale, siempre   agradable a la huella del ojo, aunque monocorde con su actuación, como   figurante que solo sabe moverse, morder y matar a cuanto sujeto se le   ponga por delante, sin averiguar si es humano, licántropo (hombre lobo) o   uno de los suyos: vampiro.

   

La violencia gratuita es   el eje funcional, que no dramático, de este filme. Es más cinta de   acción que de terror (la verdad, de terror: ¡nada!). En función de esa   violencia, la pantalla se llena de efectos visuales, de bichos raros   entendidos como monstruos y de distintas poses de la actriz   (Beckinsale), quien se esfuerza por demostrar –de manera inútil– que es   la misma de antes en energía, sin serlo.

   

Esa   violencia, esos efectos visuales y los auditivos ligan las más distintas   secuencias, en serie, porque la historia va a saltos de conejo salvaje,   sin arte ilativo alguno. Por ello, es difícil –con la mala narración–   inferir una cosa de otra, en términos del relato. Lo que queda, pues, es   una especie de “carnaval” de peleas.

   

En esta   película, quien muerde mejor es quien gana. Muerden los vampiros con   colmillo afilado, muerden los licántropos con toda su quijada y también   se le muerde el bolsillo a los espectadores, al cobrar por una película   que debió ser lanzada –lo mucho– por la ruta del video casero.

   

Esta   cuarta entrega narra el despertar de Selene (Kate Beckinsale) luego de   estar en forzado estado de coma (hibernación científica) durante quince   años. Alguien la despierta. Descubre que entre ella (vampiresa) y su   amado hombre lobo (de las anteriores películas) hay una hija.

   

Lógico:   la hija, llamada Nissa, tiene los poderes dominantes de un vampiro y de   un hombre lobo, por lo que –a partir de ella, de sus genes– hay   intereses poderosos para crear una raza superior. Son fuerzas malignas y   Selene debe luchar por su hija y en contra del malévolo plan. Es cuando   el filme asume, más fuertemente, su carácter de atracción de feria, con   su pasarela de efectos especiales.

   

Esta película   solo “eleva” el llamado “cine-basura” a representante del cine de   acción, según las convenciones del cine comercial y sin ir más allá del   artificio vano, o sea, sin autenticidad alguna. Filme desechable.