En 1924, con sólo 29 años, J. Edgar Hoover llegaría a convertirse en el hombre más poderoso de América...
SINOPSIS
En 1924, con sólo 29 años, J. Edgar Hoover llegaría a convertirse en el hombre más poderoso de América. Como director de la Oficina Federal de Investigación (FBI) durante casi 50 años, hizo cualquier cosa para proteger a su país. Ejerció su cargo durante tres guerras y los mandatos de ocho presidentes. Hoover libró sus batallas contra amenazas, a veces reales y a veces solo percibidas, y a menudo forzó las reglas con tal de velar por la seguridad de sus conciudadanos. Sus métodos fueron a menudo despiadados y en ocasiones heroicos, pero la anhelada recompensa de la admiración siempre le fue esquiva. Hoover era un hombre que valoraba los secretos —sobre todo los de los demás— y no tenía reparos a la hora de utilizar esa información para ejercer su poder sobre líderes políticos y personalidades de la nación. Era consciente de que la información es poder y el miedo facilita la oportunidad; utilizó ambos y adquirió una influencia sin precedentes, forjándose una reputación tan tremenda como intocable. Visto a través de los ojos del mismo Hoover, "J. Edgar" explora la vida pública y personal y las relaciones de un hombre que podía distorsionar la verdad tan fácilmente como la podía defender durante una vida entregada a su propia idea de la justicia, a menudo influida por el lado más oscuro del poder.
Dirección: Clint Eastwood/Productora: Imagine Entertainment, Malpaso Productions, Warner Bros. Pictures /Producción: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard, Robert Lorenz /Reparto:Leonardo DiCaprio (J. Edgar Hoover), Naomi Watts, Armie Hammer, Josh Lucas, Ed Westwick, Judi Dench, Damon Herriman, Jeffrey Donovan /Género: Drama biográfico /Estreno: 20 de enero 2012 /Duración: 137 min. Premios: Globos de Oro 2011 (Nominada a Mejor actor dramático - DiCaprio)
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Nos llega una nueva película dirigida por Clint Eastwood, con su sello inconfundible de autor, aunque sin la calidad de otros filmes suyos. Se trata de la cinta epónima titulada J. Edgar (2011), que procura mostrar la relación entre la vida personal del creador del FBI, en Estados Unidos, con la época política que le tocó enfrentar.
Con gran actuación de Leonardo DiCaprio, tenemos un punto de vista interesante, pero no del todo válido, sobre John Edgar Hoover (1895-1972), director de la Oficina Federal de Investigación (FBI), quien sobrevivió a siete presidentes estadounidenses, algunos de los cuales intentaron –en vano– relevarlo de su puesto de director.
Hoover acumuló mucho poder gracias a investigaciones ilegales convertidas en archivos igualmente ilegales sobre distintos políticos de su país, y hasta de sus esposas, fuera en la vida pública o en la privada (incluyendo la sexualidad). Así, forjó una estructura paralela de poder político. Esto sí lo muestra la película. También, John Edgar Hoover fue un hombre “duro” de la derecha estadounidense.
En nombre del anticomunismo y de una supuesta invasión “roja” persiguió a comunistas, anarquistas, progresistas y todo lo que se les pareciera. Para ello, legitimó cualquier forma de persecución, aún con pruebas dudosas. Lo muestra el filme. Su anticomunismo fue una sola cosa con su antisemitismo y su manifiesto racismo en contra de los negros (estos aspectos no los desarrolla la trama).
Hoover ocultó archivos para evitar la clarificación de los asesinatos de los Kennedy (John y Robert), enemigos suyos (apenas lo sugiere la película). Es evidente que tanto el guion de Dustin Lance Black como el oficio escénico de Clint Eastwood pretenden suavizarnos la conducta paranoica de John Edgar Hoover, no sé si por opción estética o por simpatía política, no me queda claro.
Lo cierto es que, sin llegar a ser hagiográfica, esta película pasada de minutos (le falta economía de tiempo) nos muestra al señor Hoover como víctima de sus circunstancias personales. Es lo que cuenta bien y salva a Clint Eastwood. Entonces se nos presenta a una madre castrante (excelente la actriz Judi Dench) que lo oprime, la homosexualidad cohibida de Hoover incapaz de manifestarle el amor a su compañero de oficina, la “incomprensión” de quienes pretenden botarlo del puesto y hasta la de sus propios subordinados.
El esfuerzo por pulimentar a Hoover, por pasarlo como digerible, le quita no solo rigor histórico a la película, sino que –además– la hace perder fuerza dramática, sobre todo en secuencias claves, que parecen endulzadas a punta de melodrama. La medida de Clint Eastwood es justificar a su personaje por rutas introspectivas que bien maneja este gallo viejo (Eastwood). Para eso, narra a dos tiempos (la juventud, en uno; la vejez, en otro), lo que funciona bien en muchos tramos; sin embargo, al acortarse esos trechos entre una época y otra, se pierde el golpe emocional de cada momento. ¡Cuidado!, que sigo respetando el valor de Clint Eastwood para mantener su vocación narradora de madurez.
Lo que le es imperdonable es que haya aceptado esas espantosas caricaturas de los personajes envejecidos por culpa del peor maquillaje. ¿Cómo nadie detuvo eso? No sé. El título, por su parte, dice poco a quienes no vivan en Estados Unidos o a aquellos que no estén informados de sus políticas internas.