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Celda 211 (2009)
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By Cinemanía Grupo Nación
Published on 10/15/2010
 
Juan (Alberto Amman), novato funcionario de prisiones, se presenta en su nuevo destino un día antes de su incorporación oficial. Allí, sufre un accidente minutos antes de que se desencadene un motín en el sector de los FIES, los presos más temidos y peligrosos...

Celda 211 (2009)

Juan (Alberto Amman), novato funcionario de prisiones, se presenta en su nuevo destino un día antes de su incorporación oficial. Allí, sufre un accidente minutos antes de que se desencadene un motín en el sector de los FIES, los presos más temidos y peligrosos.

Sus compañeros no pueden más que velar por sus propias vidas y abandonan a su suerte el cuerpo desmayado de Juan en la Celda 211. Al despertar, Juan comprende la situación y se hará pasar por un preso más ante los amotinados.

A partir de ese momento, nuestro protagonista tendrá que jugársela a base de astucia, mentiras y riesgo, sin saber todavía qué paradójica encerrona le ha preparado el destino.

Premios: 2009 - 8 Premios Goya, incluyendo mejor película, director y actor (Tosar). 16 nominaciones

Dirección: Daniel Monzón /Productora: Coproducción España-Francia; La Fabrique de Films - Morena Films - Telecinco Cinema - Vaca Films /País: España - Francia /Reparto: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Carlos Bardem, Marta Etura, Vicente Romero, Manuel Morón, Manolo Solo, Fernando Soto, Luis Zahera, Félix Cubero, Joxean Bengoetxea, Juan Carlos Mangas, Jesús Carroza /Género: Suspenso - Acción /Mes de estreno: Agosto 2010 /Duración: 113 min.

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Está claro que la época de oro del sétimo arte pasó hace   rato. La gente joven no lo percibe igual, a menos que adquiera   películas “viejas” o vean el canal TCM por la tele. Ahora, el cine se   dedica a reciclar ideas dentro de nuevos cánones formales propios de la   revolución tecnológica actual.

Por ejemplo, los filmes de temas carcelarios tienden a   repetirse con la violencia atrás de las rejas, la corrupción, los   motines y el final con los reos siempre como perdedores.

Verbigracia, es difícil encontrarse con películas como Sentado   a su derecha, estrenada aquí en 1971, de Valerio Zurlini, o ese   gran filme que lo es Un condenado a muerte se escapa (1956), del   gran maestro del cine Robert Bresson (película para ver una y otra vez).

Hoy, el asunto carcelario está penetrado por los   conceptos del cine de acción y por las secuencias de choque, más que por   el estudio interno de personajes en condiciones degradadas y   degradantes.

En ese estilo, debemos ubicar la   presencia de un largometraje español como Celda 211 (2009),   dirigido y coescrito por Daniel Monzón. Es un filme donde el drama cede a   la acción y donde los acontecimientos se muestran de la piel hacia   afuera, con la enorme actuación de Luis Tosar como el temido Malamadre,   pero con una debilitada presencia del actor Alberto Ammann, como el   funcionario de cárcel atrapado por el torbellino de una insurrección de   presos.

Es el subibaja de esta cinta: cada actor en   un extremo. Con Tosar, la película se llena de fuerza, de coherencia   temática, de suspenso, de inquietudes brutales, de zozobras y   ansiedades. Con Ammann, sucede todo lo contrario y pierde fuerza el   proceso narrativo de la película, vemos la historia de un sujeto que se   degrada con los acontecimientos, pero no le sentimos su fuerza ni su   emoción.

No es que sea una mala película, para nada,   es solo que pudo ser excelente y no lo logró por sus concesiones al   estilo del thriller; así, se pierde la fuerza de la primera   imagen, donde un tipo se abre las venas y se desangra. Si se nos permite   la imagen, el filme queda ahí mismo desangrado y, para agarrar   intensidad, recurre a situaciones que son forzadas dentro de la propia   lógica del relato (por ejemplo, el caso de la esposa embarazada en medio   de una revuelta con la policía).

La voz aguardentosa   de Malamadre no logra darle a la película las condiciones de dureza,   esclerosis lógica dentro de un motín visto –básicamente– de los portones   y llavines hacia las celdas. El universo de los reos no está   prolijamente mostrado ni estudiado: el filme es superficial en ello.

Hay momentos en que no pasa de ser un cuadro de costumbres   con algún aliento propio del naturalismo literario, pero este aliento   no nos da en la cara como debiera, no nos arruga la mirada.

Lo trepidante sí está muy bien manejado por el director   Monzón, sin soltar nunca los hilos de la acción febril, con virtuosismo   en el manejo del punto de vista de la cámara (que es nuestro punto de   vista). Los diálogos impactantes (lo son) van atando a la película con   sus secuencias, es el mejor empalme de los distintos planos del filme.   La música responde bien y mejor lo hace la fotografía.

Esos dos elementos del lenguaje cinematográfico son harto   propicios en las escenas más agudas: les dan intensidad a ciertas   secuencias que, de otra manera, podrían quedarse en expresiones   sanguinolentas propias del llamado terror “gore”.

No   podemos terminar esta crítica sin elogiar la actuación de Antonio   Resines (como el policía torturador y sádico), él es un secundario de   lujo. Pese al señalado subibaja del filme, recomendamos ver esta   película, porque, a su manera, nos engancha de principio a fin.