Para hacerse el dueño de un puesto de snaks junto a su novio, Lorna (Arta Dobroshi), una joven albanesa que vive en Bélgica, se hace cómplice de un diabólico plan ideado por el mafioso Fabio (Fabrizio Rongione). Fabio ha orquestado un falso matrimonio entre ella y Claudy (Jérémie Renier). El matrimonio permite a Lorna obtener la nacionalidad belga, para después poder casarse con un mafioso ruso que está dispuesto a pagar mucho dinero para adquirir la misma nacionalidad rápidamente. Sin embargo, para que el segundo matrimonio de Lorna sea posible, Fabio ha planeado matar a Claudy. ¿Se mantendrá Lorna en silencio?.

PREMIOS: Ganadora del premio LUX de cine europeo. / Selección oficial y mejor guión, Festival de Cannes, 2008. / Mejor filme en los Lumiere Awards.

Dirección y guión: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne /Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Denis Freyd /Reparto: Arta Dobroshi (Lorna), Jérémie Renier (Claudy), Fabrizio Rongione (Fabio), Alban Ukaj (Sokol), Morgan Marinne (Spirou), Olivier Gourmet, Anton Yakovlev (Andreï), Grigori Manoukov (Kostia), Mireille Bailly (Monique) /Género: Drama /Mes de estreno: Junio 2010 /Duración: 105 min.


 

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Es admirable lo consecuentes que son los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne con su cine. Ahora vemos el estreno en la Sala Garbo de su filme El silencio de Lorna (2008) y admitimos que estamos ante lo que se llama cine de autor, o sea, cine de constantes que definen e identifican a un cineasta. También es cine de arte, en cuanto que no es “palomitero” ni tampoco de autoconsumo.

Los hermanos Dardenne no solo se son fieles con su estética y con su noción de la belleza plástica, sino también con los conceptos desmitificadores, solidarios y de denuncia social (abrirnos conciencia) que ofrecen con sus tramas. En El silencio de Lorna entramos al submundo mafioso que utiliza a las mujeres para su negocio de venta de ciudadanías, con la explotación de las necesidades de la mujer.

Es un asunto que sucede en Bélgica, con la migración de lituanos, fundamentalmente; pero sabemos que es cuestión que acontece incluso en Costa Rica y en muchos otros países. La mujer afectada, en la película, se llama Lorna. A ella la casan con un adicto a las drogas. Luego de nacionalizada, la necesitan para que se case con otros inmigrantes en el país valón.

Al principio, los sucesos parecen darse dentro de una pretendida cordura. El filme, poco a poco, sin estridencias de ningún tipo, nos va mostrando que ese principio solo lleva a un viaje hacia círculos más infernales que matan o transportan a las mujeres al grado mismo de la locura. Sin mayor virtuosismo formal que la propia sencillez de la puesta en imágenes, somos espectadores señalados por el filme de lo que es, sin duda, una denuncia directa sobre los procesos sociales de degradación.

Recordemos aquí una expresión ya dicha ante el buen cine de los hermanos Dardenne: ellos son capaces de contar poco en una película, pero igual de decir mucho. Por eso, aparecen esas golpeantes elipsis que utilizan en sus narraciones, como la que se da en El silencio de Lorna, poco después de una expresiva relación sexual, para dar por entendida la desaparición de uno de los personajes.

Nuevamente, al estilo Dardenne, el manejo de la cámara nos da una estimable sensación de verosimilitud, semejante a la que provoca un trabajo de investigación periodística. Si lo pensamos, sucede como en aquel otro filme de gran calidad, honradez intelectual y compromiso humano de los hermanos belgas: El niño (2005), también exhibido por la Sala Garbo.

Por otro lado, de manera complementaria, en El silencio de Lorna, están la entrega de Jérémie Renier (gran actor al que nuevamente recurren los Dardenne) y, sobre todo, la de la actriz Arta Dobroshi, cuya actuación es impresionante. Ella carga con la película, no solo como imagen constante, sino con toda la categorización conceptual y emocional de la trama.

La presencia mínima de la música se une al silencio de la mujer, que es el silencio de los desposeídos de su dignidad por un sistema inclemente. Por eso la economía dramática del filme también con las palabras. Las escenas que vemos son apenas las necesarias, no hay sensacionalismo alguno para mostrar alegrías, dolores, esperanzas o ansiedades.

Hasta el vestuario se reduce a su mínima expresión, igual con los decorados, artilugios, maquillajes y sin efectos especiales. Nada. La imagen por sí sola. La trama por sí sola. Los personajes por sí solos. La película por sí sola. Sin explicaciones ni aditamentos, pero con una semántica clara: no solo es Lorna con su silencio, es el de una realidad que se inserta en el escenario de una globalización despiadada y perversa.