¿Qué pasaría si alguien te diera una caja con un botón que, al apretarlo, apareciera un millón de dólares pero, simultáneamente, se llevara la vida de alguien que no conoces? ¿Lo harías? ¿Y cuáles serían las consecuencias?

Estamos en el año 1976. Norma Lewis (Cameron Diaz) es profesora en un instituto privado y su marido, Arthur (James Marsden), es ingeniero de la NASA. Son, en todos los aspectos, una pareja normal que lleva una vida normal en las afueras de la ciudad con su hijo joven... hasta que un hombre misterioso con un rostro horrible y desfigurado aparece en su puerta y presenta a Norma su propuesta de vida alternativa: la caja. Norma y Arthur, que sólo tienen 24 horas para decidirse, se enfrentan a un dilema moral imposible. Lo que no saben es que, decidan lo que decidan, ya han empezado a desencadenarse terribles consecuencias. Pronto descubren que no pueden controlar las ramificaciones de su decisión y que éstas se extienden mucho más allá de su destino.

Dirección: Richard Kelly /Productora: Warner Bros. Pictures - Darko Entertainment /Producción: Sean McKittrick, Kelly McKittrick, Dan Lindau, Richard Kelly /Reparto: Cameron Diaz, James Marsden, Frank Langella, James Rebhorn, Holmes Osborne, Sam Oz Stone, Gillian Jacobs, Celia Weston, Deborah Rush, Lisa K. Wyatt /Género: Ciencia Ficción /Mes de estreno: Agosto 2010 /Duración: 115 min.


 


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Es posible que los seguidores del escritor Richard Matheson (nacido en 1926) no han de estar muy contentos con la versión cinematográfica de su cuento titulado La caja, que ahora se estrena en el país, bajo la dirección de un realizador también con sus seguidores, como lo es Richard Kelly.

El filme lleva igual título: La caja (2009; The Box) y su trama se asienta en una buena actuación de Cameron Díaz, respaldada de manera muy débil por el joven actor James Marsden.

El estadounidense Richard Matheson es más conocido por su novela Soy leyenda, escrita en 1954, que lo marcó como escritor ícono del llamado género fantástico.

Por mi parte, confieso que solo he leído Soy leyenda y fue suficiente, difícilmente pude terminar la lectura: es literatura en serie más que en serio, pese a una buena traducción de Manuel Figueroa para la editorial Minotauro.

Al ver el filme La caja, está claro que esta película solo recoge lo sustancial de la trama del cuento, su anécdota, y el resto es recreación visual del sobrevalorado talento de su director Richard Kelly.

Incluso, la escritora costarricense Evelyn Ugalde, de Club de Libros, escribió en un blog que este cuento tuvo ya una primera adaptación en la serie televisiva Dimensión Desconocida, y que ese capítulo es mejor que la película.

Richard Kelly no solo es el director, también es el guionista y, como tal, llena de ocurrencias el argumento, como quien le pone de todo a un emparedado para que, al final, lo mejor del bocado sean las tapas de pan cuadrado.

El guion pretende acentuar, sin necesidad, el carácter de ciencia-ficción de la película, ello con el evidente deseo de llenar la pantalla de imágenes con sentido o sin él, eso sí, con magnífico empleo de la pericia visual (poner algo en imágenes).

¿De qué va la trama? Hay un matrimonio feliz al que pronto le llegan las dificultades económicas. Un día, a la puerta, llega un sujeto extraño y desfigurado que le ofrece una caja a la esposa (como lo ha hecho con otras parejas).

La caja tiene un botón rojo. Si la esposa oprime el botón se ganará una millonada de dólares, pero, como consecuencia, morirá alguien en alguna parte. ¿La oprimiría usted?

De ahí en adelante, el filme se dedica a visualizar los sentimientos de culpa de la pareja que oprime dicho botón. Así, se alarga en lo mismo, como un equipo de futbol cuando se dedica a perder tiempo con buena pasadera del balón.

Sin duda, el director Kelly disfruta de los laberintos visuales y gusta que el espectador se meta en ellos, aunque se pierda con la trama.

Como la ciencia que estudia la naturaleza de las cavernas, la del director parece una actitud espeleológica convertida en arbitrio cinematográfico. Por eso, el largometraje es más envoltorio que contenido: primero diseña los laberintos visuales y, después, les busca justificación temática.

Hay quienes le encuentran valor significante a la película por trabajar un tema ético: el oprimir un botón y hacerse millonario, aunque muera alguien.

Hay quienes ven en eso una metáfora de la decadente sociedad actual, dominada por la avaricia y el afán de lucro. Es cierto, pero –más bien– resulta perogrullada, no hay que tener mucho espíritu crítico para eso.

La cinta plantea que algún día, tal vez, la mayoría de la gente diga no al oprimir el botón, pero sería bueno comenzar por dejar de oprimir el botón de la guerra, que mata a miles, también por avaricia, y no de uno en uno.

En fin, la cinta tiene un buen principio y un mejor final; el centro del emparedado solo exhibe los caprichos de un director con oficio.

Justo es señalar algo: por ahí se anuncia el filme con el título falso de La caja diabólica; por amistad les digo que esta cinta de “diabólica” no tiene nada. Ni la caja.