¡Asalto! La Banda del Mirlo (compuesta por tres cínicos enmascarados)  después de llevar a cabo su plan huyen por caminos diferentes para despistar a la Policía, pero han fijado un sitio de encuentro para dividirse el botín de $250 mil dólares.
En el hotel de aventuras, donde habrá de ser la cita, sus dueños (Laura y Miguel) acaban de recibir un amuleto (una pata de mono), que les entrega Morris, veterano de Irak, quien les exige a cambio le concedan su último deseo.
En el camino Búho queda rezagado y llega a una posada (la casa rosada) donde debe hospedarse pero es seducido por Eva. Nunca se imaginó que  viviría la peor pesadilla de su vida.
La maldición comienza a cumplirse...
Miguel y Laura, incrédulos poseedores de la pata de mono, pedirán un deseo que les costará muy caro. ¿Serán $250 mil dólares suficiente dinero??? Coincidencia o el designio del deseo otorgado por el amuleto ¿El precio que deben pagar valdrá la pena?
Mientras tanto, Águila y Mirlo, impacientes porque su socio no aparece, salen a buscarlo. Al igual que Búho llegan a la posada de las dos mujeres.  ¿Cuál será su destino en este lugar donde tienen un enfrentamiento con ellas?
El plácido acontecer tropical que rodeaba el hotel de aventuras ha sido violentado, que necesitarán Laura y Miguel para encontrar algo de paz y tranquilidad después de los acontecimientos que han vivido?
Podrán ellos romper el círculo de la maldición o se activará de nuevo... Podrán los muertos regresar al mundo que les corresponde de una vez y para siempre???
La ambición, los deseos y lo sobrenatural se conjugan para atrapar a estas personas en un destino terrorífico, de horror, muerte y desesperación en aquel lejano refugio entre las montañas.
Será posible cambiar el rumbo de los deseos….

Dirección: Adrián y Ramiro García Bogliano /Empresa  Productora:  Producciones La Zaranda Ltda. /Producción: Arnoldo Soley, Rene Picado, Ana Castillo, Max Valverde, Oscar Castillo, Jorge Garro /Reparto: Gustavo Rojas (Miguel), María Orozco (Laura), David Rivera (Mirlo), Michael Dionisio (Buho), José Castro (Aguila), Rocío Carranza (Eva), Rosibel Carvajal (La Mamá de Eva), Silvia Campos (Marlene) y la participación especial de Haymo Henry Heyder (Morris) /Género: Terror /Mes de estreno: Junio 2010 /Duración: 90 min.


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Las primeras reacciones de algún público fue la de “no me dio miedo”. Estoy hablando de la película costarricense Donde duerme el horror (2010), dirigida por Adrián y Ramiro García (argentinos). Ese público tiene razón, y esa es la reacción inmediata, la más obvia, la más fácil de soltar.

Un día le pregunté a un amigo que por qué le gustaba tanto el chile picante. Me dijo: “porque enchila”. Pues bien, visto así, Donde duerme el horror no enchila, no horroriza, solo duerme –lo dice su título– y ronca, porque su sonido es tan malo, tan defectuoso, que parece más bien que gruñe dormido.

Esa percepción del sonido empeora cuando uno siente que la música sin fuerza de Carlos Castro va por un lado y la expresión visual del filme va por otro: nunca se articulan, al punto que terminé extrañando lo que me resulta efectista en el cine de terror de Hollywood: ya sea el hard rock, el heavy metal o lo que fuere que sea.

Lo peor, lo peor, fue cuando expusieron el tono sublime del Coro de los Esclavos (Va Pensiero, de Giuseppe Verdi) como fondo musical en una relación sexual lograda a medias (cinematográficamente). Está claro que Donde duerme el horror es película descaradamente comercial, por lo que me duele ver a una actriz como Rocío Carranza desgastándose en su piel y quemándose como actriz de desnudos inútiles, solo por estar en lo que sea, sin ningún criterio de selección.

Los desnudos sobreabundan y de manera totalmente gratuita. Por ejemplo, la mentada escena donde una de las brujas seduce a un joven para luego matarlo, esa secuencia se me hizo eterna, mientras la actriz y el actor se quedan sin saber qué rostro mostrar. ¡Fatal!

Cuando una bruja adulta se prende del pecho de su madre bruja, la escena me resultó hartamente cómica, pero me contuve cuando me acordé que estaba ante una película de “terror”.

En todo caso, dichas escenas se matizan con un mal manejo de la luz en la fotografía (excepto en secuencias exteriores). Si el filme quería algunos tonos o rasgos surrealistas, pues a mí que me pique un chancho y me pateé una gallina, pero nunca la textura visual oscura es de buena calidad.

Ya que hablamos de una de las actrices, lo cierto es que la dirección de actores goza de una inhabilidad total: ningún actor ni ninguna actriz actúan bien y, de verdad, casi por acto de bondad con él, si se pudiera, le habría dicho a Gustavo Rojas: “Salí de ahí, hombre, que estás a punto del ridículo, ese guion no es para usted”.

Digo guion porque así se llama formalmente, pero se trata de un libreto sin mayor coherencia interna, que no estructura para nada bien un lenguaje imaginario a partir de dos distintos textos literarios: La pata de mono (de W.W. Jacobs) y La posada de las dos brujas (de Joseph Conrad). Este guion es el epicentro del fracaso cinematográfico que, para nada, me alegra.

Me cuesta un poco entender el deseo del cine costarricense por buscar géneros que nos llegan a montones y en diferentes calidades desde Hollywood. La cinematografía latinoamericana ha tenido su propio estilo y su propia temática que la identifica; ¿por qué abandonarla para ir tras un cine ajeno, necio afán por cubrirlo todo sin tener la experiencia, la logística ni la maña para dar ese paso? Entonces que los responsables acepten los cuestionamientos.

No niego el derecho a que se quieran aventuras exploratorias con el cine; pero si, por ello, tenemos un cine sin identidad, es hora de remojarnos y de ver qué es mejor, si copiar el cine ajeno globalizado o enriquecer el cine propio latinoamericano. Desde esa perspectiva, prefiero una película como Del amor y otros demonios que no una mala globalización de la estupidez, como digo del filme Donde duerme el horror.

Con dos directores, esta vez no se cumple aquello de que “a dos puyas no hay toro bravo”.

Ni siquiera con la mano –por ahí– de alguien talentoso como Óscar Castillo, se ha podido tener un resultado energético.