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Wall Street 2: El dinero nunca duerme "Wall Street 2: Money never Sleeps" (2010)
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By Cinemanía Grupo Nación
Published on 10/29/2010
 
'Money Never Sleeps' se sitúa justo antes del estallido de la crisis financiera mundial, y en ella Douglas retomará su personaje de Gordon Gekko, con el que ganó el Oscar al mejor actor protagonista.

Wall Street : El Dinero Nunca Duerme "Wall Street 2: Money never Sleeps" (2010)

'Money Never Sleeps' se sitúa justo antes del estallido de la crisis financiera mundial, y en ella Douglas retomará su personaje de Gordon Gekko, con el que ganó el Oscar al mejor actor protagonista. Un hombre que tras pasar dos décadas en la cárcel se encuentra totalmente al margen del mundo de las finanzas y cuya máxima prioridad después de quedar en libertad es recuperar la relación con su hija.
Ella está saliendo con un joven brooker de éxito, al que dará vida Shia LaBeouf, que ve como su mentor se suicida tras verse envuelto en una estafa. Una muerte de la que el joven culpa a un inversor, el papel que según los rumores interpretará Javier Bardem. Para poder cumplir su venganza, el joven e inexperto corredor de bolsa se unirá a Gekko que, movido por el amor a su hija, accede a volver a la arena de Wall Street.


Dirección: Oliver Stone /Reparto: Michael Douglas, Shia LaBeouf, Frank Langella, Carey Mulligan, Josh Brolin, Charlie Sheen. /Género: Drama /Mes de estreno: Setiembre 2010

 


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No tengo dudas para afirmar que Oliver Stone es uno de los mejores directores de cine en el Hollywood actual, tan de capa caída. De los más interesantes. Por eso, me quedo en neutro al tratar de entender qué fue, exactamente, lo que quiso hacer y decir el señor Stone con una secuela de su exitoso filme Wall Street (1987).

En 1987, Oliver Stone logró una crítica incisiva sobre el llamado capital parasitario, expresión inescrupulosa del capitalismo, visto por Stone como sistema económico poco solidario, competitivo y sin ética alguna. Juan Pablo II lo llamaría luego "capitalismo salvaje", pero Stone lo había reflejado antes en ese filme que le dio un premio Óscar a Michael Douglas por su gran actuación.

Con el filme Wall Street: El dinero nunca duerme (2010), Stone vuelve hoy sobre el tema, con la crisis del capitalismo en Estados Unidos, por lo que este acude al Estado para protegerse y socializar las pérdidas. El problema es que Oliver Stone retrata el asunto sin fuerza, sin agudeza y, más bien, con alguna somnolencia en el transcurso narrativo de la película.

Más que el daguerrotipo de la sordidez del medio y de los juegos traicioneros en Wall Street, ahora la película se entremezcla y diluye con una historia sentimental nada estimulante, cercana a un largometraje romántico de los que la industria hollywoodense produce por montones. Por allí, la agudeza crítica al sistema se va como agua por un canasto.

Algunos han dicho que Oliver Stone quiso ayudar a la carrera de su amigo Michael Douglas, actor venido a menos, tanto como Douglas lo ayudó a él en 1987, pero creo que esa afirmación es una manera de especular muy débilmente. Lo cierto es que aquí hay una continuación de la historia; pero, en el camino, se fue perdiendo la voluntad vitamínica que exhibía.

Antes, vimos cómo un joven corredor de bolsa se graduaba en la universidad gracias a los esfuerzos de su padre, jefe de un poderoso sindicato. Su mayor deseo era trabajar con Gordon Gekko (Michael Douglas), un tipo sin escrúpulos, quien había conseguido tapizarse con una gran fortuna en el mundo de la bolsa.

Hoy, con esta secuela, nos encontramos con Gordon Gekko, quien sale de la cárcel convertido en hombre solitario, dispuesto a ser otra vez el implacable tiburón de las finanzas. Han pasado 20 años. Gekko busca armar sus arruinadas relaciones con su hija, por lo que se alía con el novio de ella, Jacob (Shia LaBeouf). Sin embargo, los juegos manipuladores se mantienen por la enfermiza búsqueda del dinero y de más dinero.

Con logrado concepto visual e imágenes impactantes, la puesta en escena le permite a Stone mantener su fama de autor, en lo demás –en lo narrativo– el filme se le resbala al director por culpa de un mal guión escrito por Allan Loeb y Stephen Schiff. La historia se aletarga con diálogos insustanciales, con su extenuación crítica y con la visión cursi de las relaciones de pareja en el amor.

Entonces, descubrimos que estamos ante un filme presuntuoso, al que le destaco la buena fotografía de Rodrigo Prieto y le cuestiono su música sin rigor, especie de sopa de letras, porque de todo hay. Las actuaciones se notan falsas y sin complejidad, mientras el propio Stone se permite salir en un par de secuencias, lo que solo sirve para distraernos.

En fin, esta secuela perdió filo en sus colmillos. Ni siquiera la maldad del capitalismo parasitario es aquí absorbente. El bisturí para examinar una sociedad ha sido cambiado por una peineta para hablar de amores y lágrimas filiales, con una muy débil redención de los personajes al final. Esto último es lo peor.