A Toña y Paquita, las empleadas domésticas de la prestigiosa y adinerada familia Gonzalez-Dubois, les bastaron tres días para lograr un cambio que sólo un sicoanalista y centenares de dólares hubiesen podido conseguir en Fernando, un exitoso político, Gloria su ‘chic’ esposa y Mariví y Marité, las adolescentes hijas del matrimonio que no imaginan su mundo sin la posibilidad de pasar fines de semana de shopping en Miami.
A Toña y Paquita, las empleadas domésticas de la prestigiosa y adinerada familia Gonzalez-Dubois, les bastaron tres días para lograr un cambio que sólo un sicoanalista y centenares de dólares hubiesen podido conseguir en Fernando, un exitoso político, Gloria su ‘chic’ esposa y Mariví y Marité, las adolescentes hijas del matrimonio que no imaginan su mundo sin la posibilidad de pasar fines de semana de shopping en Miami.
Con un tono sarcástico y con diálogos en los que reina el humor negro esta comedia le da un verdadero sentido a aquella famosa frase y consejo de abuelas de que la ropa sucia se lava en casa, no importa si ésta es de diseñador o de promoción porque cumple la misma función sin importar la clase social o el estrato: esconder las imperfecciones y resaltar los atributos porque lo importante no es ser sino aparentar.
Dirección: Abner Benaim /Producción: Matthias Ehrenberg, Abner Benaim /Reparto: Francisco Gattorno, Isabella Santo Domingo, María Cristina Palacios, María Alejandro Palacios, Juan David Valdés, Rosa Lorenzo y Aida Morales /Género: Comedia /Mes de estreno: Marzo 2010.



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Dos cintas comparten cartelera. Una de Hollywood en tono de comedia melodramática, de corte social. La otra es panameña, en arte propio de la sátira, de firme compromiso social. La primera se titula Un sueño posible (2009), dirigida por John Lee Hancock: título azucarado. La panameña se titula Chance (2010), de Abner Benaim: título insuficiente.
AnexosUn sueño posible capta más la atención porque su personaje femenino lo encarna la actriz Sandra Bullock, aquí con buena actuación, nada extraordinaria, aunque se cuidaron en mostrarla físicamente seductora. Esto es necesario para su papel de una mujer bastante adinerada y, por eso mismo, republicana, conservadora, de observancia cristiana y dispuesta a la caridad para sentirse bien.
Ella, la señora encarnada por Bullock, un día decide proteger a un joven negro y pobre, analfabeto, abandonado, pero con buenas características para el “futbol americano”. Lo hace hijo suyo y lo integra a la familia de manera religiosa hasta llevarlo al éxito individual. No hay denuncia de nada: al filme no le interesa, es aséptico en ello, nada que ver con una cinta comprometida como Preciosa.
No solo la trama es así de higienizada o esterilizada de llagas sociales; la propia puesta en imágenes de Un sueño posible camina con ese sentido, como una estampa caritativa sobre los igualmente caritativos ciudadanos estadounidenses (excepto por una pasadita por un barrio de negros).
El asunto no es la justicia social, sino la caridad individual.
Al final, este largometraje se convierte en placentero filme de deportes y en fábula de sentimientos ejemplares.
Es una “peli” totalmente rutinaria, alargada innecesariamente, tópica y sin mordiente, a la larga bonita (lo que no quiere decir que sea buena), como una serpiente coral de anillos coloridos, pero a la que le sacaron los colmillos. Todo lo contrario es lo que sucede con el filme panameño Chance.
Chance es cine comprometido, comedia de varapalos, que ridiculiza a una clase social burguesa, politiquera, consumista, conservadora, chanchullera, gazmoña e hipócrita (la clase social gobernante) y toma partido por la servidumbre humilde y pobre, quien ha de rebelarse ante el maltrato que sufre y lo hace con una violencia muy particular y, por ello, muy graciosa.
Es filme con ardor tropical (desde su banda sonora), con una impecable imagen en video de alta definición (utiliza la “cámara red one”, empleada por Steven Soderbergh para contar la vida del Che Guevara en su díptico). Las actuaciones son seductoras y nos hacen totalmente creíble una situación no tan posible (solo excluimos al actor Francisco Gattorno, tiesísimo).
El filme nos hace tomar partido a favor de los trabajadores (bueno, a mí; no sé cómo se sentirá la gente adinerada), mientras contenido y forma asumen el aire de una sátira despiadada, bien llevada por su director Abner Benaim. Las actrices de Chance no tienen postulaciones al Óscar, pero trabajan mejor que Sandra Bullock.